Soundless
Título: Casi un sueño
Fandom: Naruto
Para Retos Ilustrados
Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen. Son de Kishimoto-sama :3

Hay miradas que cuando miran
Son hirientes y lastiman


Sakura tomó la mano de su padre, mientras una conocida melodía empezaba a sonar.

Recordaba cuando, de pequeña, ella solía escuchar esa canción mientras bailaba en su habitación, imaginando la boda de sus sueños. Siempre había soñado que su padre la llevaría al altar, con un precioso y esponjoso vestido blanco. Esperándola, se encontraría el chico perfecto, y al llegar el la tomaría de la mano y juraría su amor eterno. Claro, todos sus conocidos debían estar ahí. El pastel debía ser gigante y con detalles en rosado. Las mesas deberían estar decoradas con lilas, las más hermosas lilas.

Después de algunos años, ese modelo de chico perfecto cobro una imagen más clara, justo en el momento en el que conoció a Sasuke Uchiha. También supo que las lilas debían ser cortesía de Ino Yamanaka, y que, para su desgracia, Naruto debía estar entre sus amistades.

Pero el sueño de una chica se esfuma como si nada. Se enteró de que su chico perfecto no era más que un ser frío y egoísta. Y que por él, había perdido a la encargada de las flores. También descubrió que quería que Naruto fuera su padrino.

Pero cuando su “príncipe” regresó, herido y a punto de la muerte, sus sueños volvieron a cobrar vida. Y por más que intentara suprimirlos, nada funcionaba. Poco a poco se fue ganando el cariño de su ex-compañero, hasta que un día la primera fase de su sueño se hubo completado.

Y ahora estaba ahí, frente al amor de su vida, con su vestido blanco esponjoso, las flores lilas adornando todo el lugar, y Naruto con su traje negro.

Llegó al altar, y su padre le entregó su mano a Sasuke. El la aceptó, sonriendo un poco. Después ella vio a Naruto, y no pudo evitar bajar la mirada. No podía verlo. Porque ella sabía que él estaba sufriendo, y nadie podría hacer nada para evitarlo. Ni siquiera ella misma.

Por que mirar a Naruto le dolía. Y más aun cuando él le sonreía.


N/A: Dios... creo que nunca podré escribir algo realmente largo.
Etiquetas: , 1 delirios | edit post
Soundless
Título: Fustración
Fandom: Origial, todo lo escrito es mío y sólo mío.
Género: ¿Muchos xD?
¡Para Retos Ilustrados!

Iba a golpearlo. Tenía que golpearlo. Era un maldito egoísta estúpido, ¿por qué no hacerlo? Al fin y al cabo se lo merecía. Me mordí los labios en un intento de contener aquellas palabras de odio que me forzaba a contener. Por más que quisiera hacerlo, sabía que no me perdonaría por gritarle. Apreté el puño, aun más. Contuve las lágrimas de impotencia todo lo que pude, pero una fugitiva resbaló por mi mejilla.

Lo estoy logrando; me dije. Luego el maldito sonrió de lado.

Me acerqué a él lo máximo posible. Tuve que pararme de puntillas para poder ver sus orbes azules. Seguía sonriendo. Me quedé ahí unos momentos, intentando contenerme. Pero su cara de hipocresía lo hacía muy difícil.

Sabía que debía verme como una chiquilla de cinco años armando un berrinche. Pero me berrinche tenía razón de ser. De repente la ventana que estaba aun lado de nosotros se abrió. Genial, la única ventana en toda la maldita oficina y tenía que estar detrás de él. Ahora se veía mucho más sexy que de costumbre, con sus cabellos dorados despeinados.

¿Yo? Dudaba que mi coleta se pudiera mover aunque sea un poco a causa del aire. Y aunque así fuera no me vería mejor, esas películas donde la protagonista se ve hermosa con el aire moviendo su cabello son una farsa. Aunque yo no soy linda, y no estoy arriba de un barco, ni tampoco tengo al chico de mis sueños a un lado mío. Más bien soy la chica de dieciocho años más pequeña de todo el edificio, estoy dentro de una oficina de seis metros cuadrados y tengo frente a mí al estúpido más grande del mundo.

Cuando supe que no podría borrar aquella mueca de su cara, le di la espalda y empecé a guardar mis cosas dentro de mi bolso. No sé si me siguió viendo, y si así fue no me importo. Por el momento todo lo que quería hacer era salir de ahí, y no volverlo a ver nunca más.

¿Quién se creía para decirme eso? Ni la amistad que habíamos creado por doce años podría con ello. Él sabía que yo estaba totalmente enamorada, y no le tomó importancia. Aun así yo quería conservar, al menos, un recuerdo de él. Y no quería recordarlo con un ojo morado.

Terminé de guardar mis cosas. Cuando me di la vuelta, él estaba parado frente a mí.

—Jack, fingiré que nada de esto paso. Eres mi amigo y no quiero perderte. Hoy voy a dormir, tú harás lo mismo. Mañana vendremos al trabajo y tú dirás: “hola, enana”, yo te responderé con un común: “púdrete estúpido”, y todo seguirá su rumbo los próximos días. ¿Entendiste?

Él me miró confuso.

—Pero sólo tienes que decir que sí…

—Jack. —le dije con una mirada de represalia.

—Es la verdad.

—Jack…Por favor. No quiero perderte.

Él suspiró, luego me miró con aquellos hermosos ojos azules.

—¿Me perdonarías, Lanna? —sonaba como si en verdad se sintiera mal. Era la primera vez que lo veía hablar así.

Y por eso era la primera vez que me hacía sentir tan mal.

—No —le dije. Pensaba que me reclamaría, o que al menos se enojaría un poco. Pero él sonrió. –No te rías, es en serio, no te perdono.

—Eso dices ahora. Algún día me dirás que sí.

Le di la espalda nuevamente, luego empecé a caminar hacía la salida, mientras recordaba con precisión las palabras que comenzaron todo esto.

—¿Quieres ser mi novia?
Soundless
Título: Casi
Fandom: Original :3
Para Retos Ilustrados
Disclaimer: Uh... es original, así que no hay disclaimer. Pero los personajes son míos, sólo míos *-* También la trama de esta historia es de mi autoría.

Es duro, es doloroso, no ser amado cuando se ama todavía, pero es bastante más duro ser todavía amado cuando ya no se ama.

Estoy debajo de mi cama. Empiezo a reír como desquiciada, y estoy segura que me encontrara muy pronto. Intento calmarme, pero la sensación de recuerdos que me trae jugar a las escondidas es demasiado grande como para aminorarla. Y la verdad, no me importa reír. Soy feliz.

Casi por completo.

Escucho sus pasos, entonces callo. Al menos así le será más difícil. Además fue muy difícil entrar debajo de la cama como para salir tan rápido. Una risa se me escapa al escuchar que casi cae con uno de sus juguetes.

—¡Te encontré! —me grita, mientras sube un poco las cobijas y me mira a los ojos. Río sin parar, intentando salir de ese diminuto espacio. Mi vida es perfecta.

O se acerca bastante a serlo.

—Ahora falta encontrar al tío John. Y mamá…, deja de reírte, das pena.

—¡Oye! Intenta meterte ahí dentro, también estarías nervioso.

Mi pequeño. Bien, ya no tanto: tiene diez años. Su pelo negro, como el de su padre, contrastando con sus ojos ámbar, los cuales heredó de mi parte. De hecho, la mayor parte de mí es ámbar…

Cuando por fin logro salir, ambos empezamos a llamar a John por toda la casa. Si todo resultaba bien, al final terminaría descubriéndose a causa de la risa. En eso nos parecemos mucho. John Brown no es mi hermano, pero es como si lo fuera. Nos conocemos desde niños, y él no ha cambiado en nada: su cabello castaño revoltoso y sus ojos azules, siempre con brillo. Me encanta estar con él.

O al menos un poco.

—¡En mi cuarto! —grita Efraín, y sale corriendo en la busca de John.

Logro escuchar la risa de ambos.

Voy a la cocina y preparo algunos aperitivos. Al poco tiempo llegan esos dos, sonriendo. Sin si quiera preguntarme, los toman y empiezan a comerlos. Creo que John pudo ver mi mirada de réplica.

—Lo siento —dice con un tono claramente sarcástico— señorita Anna White. No era mi intención ofenderla tomando de este modo galletitas azucaradas.

Efraín ríe.

—Señora Anna Rice, por favor —le recuerdo, aunque sé que le duele que se lo diga, a mí también me duele—. Y deberían pedir permiso cuando toman algo.
John me mira, puedo notar la tristeza en sus ojos. Aun así, me sonríe. Siempre es lo mismo. Él sabe que estar aquí le hace daño, y sigue viniendo todos los días. Él sabe que estoy casada, y me sigue esperando. Él sabe que yo amo a mi esposo, pero aun conserva la esperanza.

Es duro verlo a los ojos, porque yo sé que lo hago sufrir. Pero lo que más me duele es saber que no puedo hacer nada para hacerlo feliz.

Mi hijo no entiende este silencio, el que tanto nos lastima, y sólo sigue sonriendo y mirándonos.

—John, vendrás mañana también, ¿verdad?

Él lo mira, luego a mí. Le sonrío. Después vuelve a verlo a él.

—Todos los días.


Dudo que algún día haga un one-shot largo xD
Soundless
Título: En proceso~~
Fandom: Naruto
Para Retos Ilustrados
Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.

Hay miradas que sin dudas
Dicen más que mil palabras

—Tsk

Tenten estaba furiosa. Hoy había sido uno de los peores días de su vida y claro, para terminar, tenía que empezar a llover.

—Jo…

No encontraba palabra que dijera todo lo que sentía en ese momento. En la mañana, ser atacada por pan volador, cortesía de su nuevo y tecnológico aparato denominado tostador. Claro que esa cosa no había salido ilesa. Ahora parecía más una lata de soda que cualquier otro objeto.

Después había tenido que soportar a sus nuevos alumnos en la academia. Los malditos tenían tanta energía que ella no pudo sentarse durante toda la clase. También había tenido que enseñarles a respetar a sus superiores. En ese momento recordó por qué amaba tanto a las kunais.

—¡Ah! —gritó y la mitad de la calle logró escucharla sin dificultad. Estúpido charco. Estúpida lluvia.

Tomó aire varias veces, inhaló y exhaló mientras contaba hasta diez. No funcionó. Frunció el seño, resignada a la impunidad de un charco de agua.

Había pensado que su día había terminado en el momento en el que esos enanos se habían ido a su casa. Vaya equivocación. ¿Tenía que conocer a Lee, verdad? Al parecer la palabra “entrenamiento” tenía un concepto muy distinto para ambos.

Inhaló y exhaló nuevamente. Lo único que quería en ese momento era llegar a su casa, recostarse en su cama y observar el techo. Oh sí, amaba observar el techo.

Recorrió todo el camino hacía su destino, ignorando todo lo posible al centenar de gotas que caían sobre su cara. Cuando por fin pudo vislumbrar su casa —no muy grande, ni muy chica, sólo lo suficiente para dos personas—, un gran alivió la acogió. Hasta que lo vio ahí.

Hyuga Neji, parado frente a su casa, obviamente sin una gota de agua. Los genios eran así, aunque el Apocalipsis estuviera sobre ellos siempre lucían bien, mientras que las personas normales y corrientes como ella tenían que soportar a estúpidos charcos. Recordó que habían quedado para entrenar. Hace horas.

Se acercó a él y lo miró de frente —aunque tuvo que pararse de puntillas— por unos segundos.

Neji suspiró y abrió la puerta de la casa.
Etiquetas: , 0 delirios | edit post
Soundless
Título: Lágrimas


Fandom: Original


Género: Desconocido xD


Notas: Para Retos Ilustrados, en la tabla de tristeza. No tengo mucha idea de lo que tiene que ver esto con la imágen, pero fue lo primero que se me vino a la mente al verla, sólo lo plasmé.

Los personajes y la trama de esta historia sí son de mi autoría.

No crees poder moverte. El simple hecho de pensar representa una gran dificultad en estos momentos. Además, tú no quieres hacerlo. No quieres enterarte de lo que está pasando. Sabes que no podrás aceptarlo.


No apartas tu vista de ese camino vacío, sí, ese por el cual se acaba de marchar. Sus pasos aún están marcados en la fría arena, pero sabes que desaparecerán en algunos minutos a causa de las pequeñas gotas que empiezan a caer y te lamentas por no haberle dicho antes todo lo que lo querías.


Talvez si él te hubiere dicho que no te quería de esa manera, tal vez de esa manera no estarías aquí parada pensando en todo lo que pudo haber pasado. Pero siempre fuiste demasiado temerosa. Y no puedes evitar recordar aquel fatídico día.


Lo habías citado cerca del camino vacío, ese era su lugar. Le dijiste que era algo muy importante, como siempre él acudió de inmediato. Llovía, sus cabellos azabaches estaban revueltos, pero a él nunca le importó su aspecto. Cuando te vio ahí sonrió rápidamente, pero al ver tu cara su sonrisa se curvo en una mueca de dolor, ¿tal mal te veías? Sólo recuerdas que apenas podías respirar.


—¿Estás bien? —te preguntó. Pudiste notar preocupación en su tono, y también en sus ojos cafés.


—N-No es nada malo —le respondiste e intentaste sonreír, pero los nervios te acababan.


Él suspiró aliviado, luego se sentó en el suelo. Hubieras querido decirle que se mojaría, pero no lo hiciste por dos razones: él no te haría caso y se sentaría de todos modos y dos; no podías hablar.


Estabas a punto de llorar. No sabías que hacer, más bien, no sabías como decírselo. ¿Cuánto tiempo llevan como amigos? ¿Un mes, tal vez? No querías estropear esa amistad con esos absurdos sentimientos de amor, pero ya no podías callar más.


—Da-Daniel —lo llamaste y el volteo hacía ti. No pudiste sostener la mirada y decidiste mirar al suelo. Él río un poco.


—Anna, ¿qué te pasa? Te ves nerviosa. —río más y se levantó. Caminó hacía ti y quedó a pocos centímetros de ti. Lo sentías tan cerca.


Empezaste a mover los dedos nerviosamente, no lo sabías, pero presentías que en ese momento estabas tan roja como una manzana. Pensaste en que tal vez sería mejor evitar decirle cuanto lo querías, y continuar con la amistad que tenían. Esperar un poco más, para que él te conociese mejor no sería tan mala idea.


Pero luego te diste cuenta que querías decírselo. No podrías vivir con la incertidumbre de qué hubiera pasado. Te armaste de valor, tomaste una gran bocanada de aire y le dijiste:


—Te quiero.


Por un momento pensaste que morirías. Él levantó tu cara para ver tus ojos chocolates –ahora humedecidos y un poco enrojecidos-, luego sonrío y puso una de sus manos sobre tu cabeza.


—Tontita. Yo también te quiero mucho. Eres una de mis mejores amigas.


Después de eso, revolvió tu cabello café y te dio un gran abrazo. Tú no sabías que hacer.


—¿Quieres ir con Laura? Hoy habrá una fiesta en su casa.


—I-Iré haya en un momento —le sonreíste un poco, pero aún no podías superar su respuesta.


—Quiero verte ahí, ¿ok?


—Claro


Luego él desapareció por aquel camino, sí, ese que estás mirando. La única diferencia es que eso fue hace doce años. Él ahora tiene una novia y está planeando su boda, lo oíste todo, siempre viene aquí a hablar contigo. Y tú no puedes moverte de este maldito lugar. Debes verlo marcharse todos los días, dejándote atrás.


Frotas tus manos, aunque sepas que no sirve de nada. El frío nunca se va. Tal vez por eso sigues conservando los labios morados y la tez casi blanca de aquel día. Sabes que no debiste quedarte ahí, bajo la lluvia y una temperatura mínima. Pero en ese momento necesitabas pensar, y ahora tienes toda una eternidad para hacerlo.


Quisieras llorar, pero tu última lágrima se fue aquel día. Ahora no eres más que un reflejo de lo que eras, y te duele saberlo, por eso, intentas no pensar en eso.


Pero aquella lágrima siempre estará ahí recordándote lo que pudiste ser.